Ah Karcino! Cómo te han herido, yo te he visto, soñando un poco de tu mala suerte, he visto como rompes las redes, y cuanto coraje te da que los pececillos nunca se queden, Karcino, cuantas ganas se te ven de llevarte las redes a casa, de nunca soltar a los pececitos, dejarlos allí en la estrechez de tu pecera. Puede que la hayas limpiado, pero es tirana por pequeña, no importa que tan grade se vea, nunca va a ser tan grande como el mar tu pecera.
Y piensas: "Ojalá no tuviera que sacarlos de allí, quiero uno, sólo uno para mi", pero son tiranos sobre el corazón débil de Karcino y sin mirar siquiera sus manos ya van, ya marchan. Karcino: su libertad es tu premio, y no busques más, no preguntes más, su libertad es tu meta. Karcino murmura una pregunta que parte mi corazón "Y los que caen en otras redes?" No sé Karcino, no sé...
Se pierde en un silencio hórrido para su suerte: Cada red tirada por los pescadores tiene un costo para romperla, la técnica es dolorosa, Karcino debe tomar los hilos de nylon entre sus dedos y jalar, al momento de jalar los hilos, por la fuerza con que están entretejidos para que los peces no los puedan romper, rompen, rasgan, destruyen sus manos, y le roban vida y sangre, a Karcino no le importa: debe liberarlos, debe liberarlos...
He aquí una mañana a las siete de la mañana Karcino, con unas manos venidas a menos que hueso embarrado con carne (si se le puede llamar así) y piel (si se le puede llamar así) se acerca a una orilla, y precioso, gris, tierno, un delfín asoma su aleta, ha estado atrapado mucho tiempo, los ojos verdes de Karcino se llenan de un vidrio de llanto. Yo lo veo, y le intento decir algo, pero no puedo decirle nada, por que no quiero decirle nada realmente, es solo un impulso primitivo. La verdad no puede tomar forma en sus labios, apenas ve, y llora. Una voz nos distrae de la escena: "Karcino, no lo liberes: morirás"
Karcino, terco, necio.¿No te han herido ya lo suficiente? apenas tienes manos, para agarrar las redes, apenas tienes manos para agarrar la red, que está ya toda enredada en el gran pez. Y algo te constriñe, mueve tu alma, y te convence: el pez llora. No puedes, tu no puedes con el dolor, con las últimas fuerzas de tus huesudas manos liberas al pez, tomas lentamente el hilo de plástico verde, lo deslizas sobre la palma de tu mano, miras con saudade el hilo, entiendes que es la última vez que puedes, que es la última vez que lo harás. Piensas siete minutos en lo que harás no tienes energía para desperdiciar, y quieres gastarla toda en este precioso mamífero de plata, por fin decidido tomas con firmeza el hilo, se siente como una terrible navaja, lo jalas, un aullido, un grito, las palabras "the first cut is the deepest". TE sostienes apenas a siete milímetros del desmayo, logras concentrarte de nuevo, jalas, y jalas, cada vez mas lejos de la vida, cada vez mas cerca de la libertad del pez.
Jalas el último cordel, que estaba al rededor de la boca del pez, miras sus ojos, de allí tomas la inspiración, el agua toda ya es tu sangre, y no te importa, jalas el cordel, te destroza los diez dedos de las manos, gimes gritas te retuerces, el mamífero libre hace lo propio, y excitado por la sangre en el agua corre a la fuente, a tus manos, y devora poco a poco el brazo, hasta los codos, toma tu cuerpo y juega con el, y cuando por fin la bestia se calma ya eres nada, te has hecho mar, y la costa se ha vuelto roja, el delfín nada a su libertad, lejos muy lejos.
Siete de la noche: Siete pescadores necios se acercan a la costa: !Son tus amigos Karcino¡ Sí, son tus amigos... Discuten en la costa, y miran el horror de la pedacería de tu cuerpo esparcido en la costa, se miran con asco unos a otros, y se alejan de la costa, tu cuerpo es olvidado. No tenías familia, no tenías amigos, no tenías quien te amara. Diste todo, y nunca nadie te dio nada, nunca esperaste nada de nadie, y por eso hoy mueres feliz, !Ah Karcino, yo si te supe querer, y nunca nos conocimos, nunca platicamos, cuánto he disfrutado observar el espectáculo de tu muerte!
A nadie importas ya en dos días, la costa se ha limpiado, tu sangre no está en ninguna parte, y el mamífero de plata hace sonidos felices todo el tiempo, sin nunca entender la muerte de la que moriste.
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1 comentario:
ahh Karcino si supieras que alguien por ti daría la vida...
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