miércoles, 8 de mayo de 2013

Abilene

- Nunca me dejes, te amo
- No lo hare, no sé vivir sin ti
- En verdad me has amado ?
- Mucho, siempre.

---*---

Una mujer corriendo, en silencio, llora. La lluvia cae sobre su cabeza, le pega el cabello a la cara. En ka esquina corre, un auto apenas frena, y es él.

"Abilene" suspira desde el volante, comienza a brotar sangre de su boca, y los labios se le tiñen de carmesi. "Abilene"

Ella mira directamente a sus labios, "Abilene" la llaman, "Abilene".

---*---

Primer sueño:

Silencio. Un fluido color azul comienza a fluir al fondo, me toma, me llena, me inunda. Gris... Gris... Cada vez más negro, cada vez más profundo. Cada vez más triste, cada vez más sólo... Un suspiro mío sale de una hora que no es ya mia: "Abi..." No sé si se termina de decir la palabra, pero yo ya no la termino de decir, la termina de decir otra persona, y la dice en aya labios. Subo a un auto nuevo...

Maneja Alberto.

Salimos de la carretera en silencio, él no dice nada, así es mejor, es más sencillo, damos la vuelta en algún lado...

"Abilene" termino de pronunciar su nombre, algo sabe a fierro en mi boca, empiezo a sentir húmedos los labios, la barbilla, él cuello. "Abilene" ella me mira horrorizada ...

Nadie aquí ha visto mi soledad. Y me despierto.

---*---

Suelto el teléfono, y ella cuelga de su lado, hasta donde se yo la podría ver hoy, o nunca jamás la volveré a ver; no me siento tranquilo y camino hasta la orilla del viento. Allí abajo, lejos, lejísimos... La región más transparente en el aire...

Anáhuac

Adiós a mi tierra ... Abilene: ésta era mí tierra, él Anáhuac, un valle lleno de agresiva vegetación y humo embriagante, Abilene... Por sus calles yo crecí y aprendí a amar y ser amado... Adios Anáhuac; te dejo mí casa, mí jardín, mis libros y algún cadáver sembrado bajo un árbol. Abilene, la mujer, Abilene, la extranjera, Abilene, la de los ojos cafes y profundos, Abilene, la querida, la amada, la seducida. Abilene el cadáver.

---*---

Un monte no le permite ver al horizonte... Arrastra un talego pesado caminando hacia el horizonte, la boca seca, los labios partidos, llega ya al desierto páramo y se encuentra allí con ella, entrelazan las manos, ella mira el bulto y pregunta. No existe respuesta, y si la hubiera no la da.

Suben a la orilla y vuelan el talego-papalote hacía el horizonte, hacia el Anáhuac, se miran luego y se besan. Se aman.

No hay comentarios: